5 Heridas Emocionales Que Arrastramos De Nuestra Infancia Hasta Nuestra Edad Adulta

21 septiembre, 2015 | General

Es muy común, por desgracia, que nuestra salud emocional esté dañado desde la infancia. A menudo no somos conscientes de lo que es lo que nos bloquea, lo que nos da vértigo o lo que nos causa miedo.

En la mayoría de estos casos, el origen está en las lecciones aprendidas cuando éramos niños, estas lesiones que nos han causado nuestras primeras experiencias con el mundo y que no hemos sido capaces de sanar.

Las heridas emocionales son dolorosas experiencias de la infancia que conforman nuestra personalidad adulta, lo que somos y cómo hacer frente a la adversidad.

El temor de revivir el sufrimiento que tuvimos hace que pongamos cientos de máscaras que sólo pueden frenar nuestro movimiento por la vida. Eso es precisamente lo que debemos evitar.

La traición, la humillación, la desconfianza, el abandono y la injusticia … Son algunas de las heridas impiden que seas tú mismo. A continuación vamos a ver cómo podemos identificarlos:

1. El miedo al abandono.

La impotencia es el peor enemigo de la infancia. Imagínese lo doloroso que debe ser para un niño sentir el miedo de estar solo, aislado y sin protección en un mundo que no conoce.

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Como resultado, cuando el niño indefenso sea un adulto, tratará de evitar volver a sufrir el abandono. Por lo tanto, el que ha sufrido eso, tenderá a salir temprano tanto de sus amistades como de sus proyectos. Esto responde, única y exclusivamente, al miedo que le da revivir ese sufrimiento.

Es muy común que estas personas hablen o piensen de esta manera: “Me voy antes que me me dejes”, “nadie me apoya, no estoy preparado para manejar esto”…

Estas personas tendrán que trabajar el miedo a la soledad, el miedo a ser abandonado y su rechazo al contacto físico (abrazos, besos…). Esta lesión no es fácil de curar, pero un buen comienzo para curarla es enfrentar el miedo a quedarse solo hasta que fluya un diálogo interno esperanzador y positivo.

2. El miedo al rechazo.

Esta lesión nos impide aceptar nuestros sentimientos, nuestros pensamientos y nuestras experiencias.
Su aparición en niños es causado por el rechazo de los padres, la familia o el mismo. El dolor que se genera por esta lesión impide una correcta construcción de la autoestima de la persona que la padece.

Ese niño rechazado no se siente digno de afecto o la comprensión y se aísla por miedo a volver a experimentar este sufrimiento.

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Es probable que el adulto que era un niño rechazado sea una persona difícil de alcanzar. Por esta razón, los miedos internos generan pánico que deben ser tratados.

3. La humillación.

Esta herida se genera cuando sentimos que los demás desaprueban lo que hacemos y nos critican. Podemos crear estos problemas en nuestros niños diciéndoles que son torpes, malos o pesados, así como airear sus problemas a los demás (algo que es, por desgracia, muy común). Esto, sin duda, destruye la autoestima de los niños y, por lo tanto, dificulta la posibilidad de cultivar una autoestima saludable.

El tipo de personalidad que se genera con frecuencia es una personalidad dependiente. Además, aprenden a ser “tiranos” y egoístas como un mecanismo de defensa, e incluso humillar a los demás como escudo.
Después de haber sufrido tales experiencias se requiere que trabajen en su independencia, su libertad, la comprensión de sus necesidades y temores, así como sus prioridades.

4. La traición o el miedo a confiar.

Esta herida se abre cuando las personas cercanas al niño no cumplen sus promesas, hacen que se sientan traicionados y engañados. Como resultado, se genera una desconfianza que se puede transformar en celos y otros sentimientos negativos, por no sentirse digno de lo prometido y de lo que otros tienen.

Estos problemas en la infancia crean personalidades controladoras y perfeccionistas. Son personas que tienen que tenerlo todo bajo control, sin dejar nada al azar.

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Si usted ha experimentado estos problemas en la infancia, es probable sienta la necesidad de ejercer un cierto control sobre los demás. Esto se justifica, a menudo por la presencia de un carácter fuerte; Sin embargo, vamos a decir que es debido a un mecanismo de defensa, un escudo contra la decepción.

5. La injusticia.

El sentimiento de injusticia entra en juego en los hogares donde los cuidadores primarios son fríos y autoritarios. Una demanda excesiva genera sentimientos de ineficacia e inutilidad, tanto en la infancia y la edad adulta.

Albert Einstein resumió esta idea muy bien con su conocida frase “Todos somos genios. Pero si tú juzgas a un pez por su habilidad para trepar un árbol, vivirá su vida creyendo que es estúpido”.

Como resultado de ello, los que experimentan este dolor, pueden convertirse en personas rígidas que no admiten nada a medias. Tienden a ser personas que tratan de ser importantes.

Es probable que hayan creado un fanatismo por el orden, el perfeccionismo o, incluso, por el caos. La cuestión es que son personas que radicalizan sus ideas y, por lo tanto, les resulta difícil tomar decisiones con seguridad.

Vía: Sanación Holistica

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